Del campo al textil: los residuos de piña buscan hacerse un hueco en la industria textil guatemalteca
La planta de la piña produce una sola fruta por ciclo y, después de la cosecha, deja tras de sí una gran cantidad de restos del cultivo. Para muchos pequeños y medianos productores, la solución habitual es quemarlo o dejarlo abandonado en el campo, lo que propicia la proliferación de la mosca del establo, cuya picadura conlleva un impacto negativo sobre la ganadería de las fincas vecinas.
Es precisamente en este residuo donde la start-up guatemalteca Pina&Kakaw ha identificado una oportunidad. Teniendo en cuenta el relevante papel del cultivo de piña en algunas áreas del país, la iniciativa busca, en esencia, revalorizar este residuo para transformarlo en un insumo textil con futuro.
La empresa, impulsada hace apenas un año por Kevin Kuhlow y Daniela Sagastume, se dedica a procesar las hojas remanentes tras la recolección para obtener una fibra natural apta para la industria. Durante este periodo, Pina&Kakaw ha trabajado en el desarrollo del proceso productivo, la construcción de relaciones con los distintos actores de la cadena de valor y la validación comercial de la fibra.
“Nos hemos enfocado en la investigación, la construcción de relaciones a lo largo de la cadena de valor, el desarrollo de nuestro proceso productivo y la validación del potencial comercial de la fibra de piña en Guatemala”, explica Kuhlow.
Aunque no dejan de admitir que “siguen perfeccionando el proceso”, este combina métodos mecánicos con técnicas propias de preparación de fibras naturales que les permite obtener actualmente distintos productos a partir de la fibra. “Hemos superado la fase de investigación y actualmente producimos fibra de piña, hilo, tela y las primeras muestras de prendas, mientras continuamos ampliando nuestras capacidades de producción y fortaleciendo nuestras alianzas”, apunta Kuhlow.
Sus fichas comerciales apuntan a una capacidad de unas 3.000 yardas al mes (2.744 metros aproximadamente) y a pedidos mínimos de 1.500 yardas (unos 1.372 metros) de tejido o 1.500 kilos de hilo, con trazabilidad de la finca al tejido.
La compañía trabaja así en distintos puntos de la cadena de valor. Dependiendo de las necesidades de cada colaboración, puede suministrar desde fibra procesada hasta hilo y tejidos, mientras que los productos textiles terminados forman parte de su hoja de ruta.
El reto de escalar
Aunque ya han superado la fase de investigación, la producción todavía se encuentra en una etapa inicial y la empresa no fija por ahora una capacidad concreta. La prioridad es desarrollar una estructura que pueda aumentar su volumen de manera progresiva a medida que crezca la demanda.
El terreno cuenta, además, con un precedente reciente. Ananas Anam, la firma detrás de Piñatex —la gran referencia europea del cuero vegetal de hoja de piña—, que entró en concurso de acreedores en 2025, lastrada por la falta de volumen y la dificultad de escalar un material de nicho.
Pina&Kakaw parte de un planteamiento distinto, una mezcla con algodón que se apoya en la cadena existente en lugar de exigir una nueva, pero la pregunta de fondo —si el proyecto puede pasar de la muestra al volumen con una demanda firme detrás— es la misma que decide el futuro de toda esta categoría.
“Nuestro enfoque principal es construir una base sólida y escalable”, explica Kuhlow. “Aunque la producción aún se encuentra en una etapa inicial, nuestro modelo ha sido diseñado para crecer junto con la demanda mediante alianzas con productores locales de piña.”
La empresa trabaja actualmente principalmente con algodón para desarrollar sus tejidos. Su tejido de referencia es un punto jersey compuesto por un 80 por ciento de algodón y un 20 por ciento de fibra de piña, de 190 gramos por metro cuadrado y en color natural sin teñir, que la compañía presenta como comparable a un jersey de algodón premium y compatible con los procesos de tintado convencionales
“Al mismo tiempo, seguimos investigando y evaluando otras combinaciones de fibras naturales según la aplicación textil y las necesidades del mercado”, añade Kuhlow. El desarrollo de una cadena de suministro capaz de acompañar ese crecimiento será uno de los próximos desafíos. La compañía busca establecer relaciones tanto con los productores que proporcionan la materia prima como con los actores que pueden llevar el material hasta el mercado.
Una segunda vida para los residuos
La valorización de los restos agrícolas es solo una parte de un planteamiento más amplio. Pina&Kakaw quiere que el modelo genere beneficios a lo largo de la cadena, desde los agricultores hasta la industria textil.
“Nuestro proyecto se basa en un modelo de economía circular que transforma residuos agrícolas en materiales textiles de alto valor, al mismo tiempo que genera ingresos adicionales para los agricultores, reduce la quema de residuos agrícolas, devuelve nutrientes al suelo mediante compostaje y promueve prácticas de agricultura regenerativa”, explica el co-fundador.
El proyecto incorpora además una dimensión social. Entre sus objetivos está generar oportunidades de empleo para mujeres, de manera que la actividad asociada a la transformación de la biomasa pueda contribuir también al desarrollo económico de las comunidades.
La trayectoria de sus fundadores está muy relacionada con esta idea. Antes de crear la empresa, Kevin Kuhlow pasó más de cuatro años dirigiendo las operaciones de 4ocean en Guatemala. Durante ese tiempo, según los datos de la organización, su equipo retiró más de cuatro millones de libras de plástico y otros residuos del mar. Kuhlow también es cofundador de Conservar, una organización sin ánimo de lucro que trabaja en proyectos de conservación y restauración ambiental en Guatemala.
Ahora aplica esa experiencia al problema de los residuos agrícolas. Una oportunidad que cobra especial relevancia en un país con una industria textil consolidada y una cadena de suministro capaz de incorporar nuevos materiales.
El vestuario y los textiles constituyen el principal sector exportador de Guatemala. En 2025 sumaron unos 1.891 millones de dólares, alrededor del 13 por ciento de las exportaciones del país, con un clúster verticalmente integrado de más de 500 empresas, desde hilanderías hasta confección y acabados.
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