¿Generan Zara y H&M 12 veces más residuos textiles que Shein?
Mientras el debate legislativo de 2026 se centra en la implementación de los decretos de aplicación de la ley contra la moda efímera, una investigación de campo matiza nuestras certezas. La principal carga que soporta la economía circular no procedería, por ahora, de los nuevos actores digitales, sino de las marcas históricas. Análisis de una saturación de los canales de reciclaje vinculada a un modelo de producción ya consolidado.
El debate público ha señalado a un culpable principal: la ultra fast fashion, con sus ritmos de producción industriales y sus precios bajos. Sin embargo, los datos recopilados por la Red Nacional de Centros de Recuperación y Reciclaje para la coalición “Stop Fast-Fashion” revelan una realidad mucho más compleja en los contenedores de clasificación. De las 33 organizaciones de reutilización estudiadas este trimestre, casi la mitad de las prendas consideradas inservibles proceden de marcas de la “primera generación” como H&M, Zara o Primark. Por el contrario, los nuevos actores online como Shein o Temu apenas representan el 5 por ciento.
Un desfase ligado a la temporalidad del consumo
Esta desproporción se explica, en primer lugar, por un efecto de acumulación histórica. Si los productos de la ultra fast fashion son todavía minoritarios en los centros de clasificación, se debe principalmente a su reciente aparición. Aunque estos actores han logrado posicionarse en el top cinco de las marcas más vendidas en Francia en 2025, una prenda tarda una media de dos a cuatro años en ser donada o desechada.
El flujo actual que llega a los centros de recuperación es, por tanto, el reflejo de los patrones de consumo del periodo 2021-2023. Con un récord de 4.100 millones de prendas introducidas en el mercado francés en 2025, según las estimaciones preliminares de Refashion, el sector está sufriendo la acumulación de volúmenes producidos por las cadenas físicas mucho antes de la explosión del modelo asiático “directo al consumidor”. Para las organizaciones de reutilización, el reto operativo inmediato sigue siendo gestionar el legado de una moda tradicional cuya durabilidad se ha ido equiparando progresivamente a la de la gama de entrada.
Una creciente porosidad de los modelos
El análisis muestra una convergencia en las prácticas. Para seguir siendo competitivas frente a los precios de internet, las marcas denominadas de “primera generación” han seguido acelerando sus ciclos de producción en 2025. Esta disminución de la calidad intrínseca de las fibras dificulta cada vez más su segunda vida.
Desde un punto de vista sistémico, la distinción que establecen las regulaciones actuales plantea interrogantes a los profesionales. Al centrarse prioritariamente en los criterios de rapidez de renovación, es decir, más de 1,000 nuevos modelos al día, el legislador podría estar dejando en un segundo plano los enormes volúmenes generados por la distribución física, que, sin embargo, constituyen la mayor parte de los residuos textiles recogidos a principios de 2026.
Hacia una responsabilidad ampliada y global
La coalición “Stop Fast-Fashion” aboga por que los mecanismos de regulación, como la penalización económica vinculada a la ecocontribución (REP), se apliquen de manera uniforme a cualquier marca que supere determinados umbrales de producción anual. Este cambio de paradigma traslada la carga financiera del fin de la vida útil del producto de las administraciones públicas a las marcas, a través de una contribución medioambiental reforzada e integrada en su modelo de negocio.
Aunque el 37 por ciento de la generación Z confirma en 2026 haber renunciado a comprar moda efímera, según anuncia el Barómetro de Consumo Responsable 2026, la saturación de los canales de clasificación recuerda que la transición hacia una economía textil circular sigue viéndose obstaculizada por la masa crítica de prendas que ya están en circulación, procedentes de un modelo con raíces mucho más profundas que la llegada de los gigantes de internet.
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