Moda circular: cómo convertir un coste normativo en una oportunidad de creación de valor

Mientras la circularidad se convierte en una exigencia normativa, la consultora estratégica Kearney ha identificado cuatro palancas para integrarla en el modelo de negocio de las marcas.

En el marco de su informe Circular Fashion Index 2026, la consultora estadounidense ha analizado las prácticas de circularidad de 241 marcas de moda en 21 países.

El resultado: los modelos circulares más exigentes a nivel operativo, como la reparación, la segunda mano o el alquiler, todavía están poco desarrollados. El 63 por ciento de las marcas tiene una actividad limitada en reparación, el 66 por ciento en segunda mano y el 89 por ciento en alquiler.

Su desarrollo sigue condicionado por la demanda de los consumidores, su viabilidad económica y la capacidad de operar estos servicios a escala.

Sin embargo, al mismo tiempo, la normativa está transformando la circularidad en un requisito indispensable para acceder al mercado.

Aunque esto crea obligaciones, queda por ver si las inversiones necesarias seguirán siendo un coste normativo o si podrán contribuir a la creación de valor y convertirse en un componente del modelo de negocio.

El reto, planteado por Kearney, consiste en transformar estas limitaciones en una herramienta de gestión y, potencialmente, en una ventaja. Para ello, la consultora propone cuatro palancas de acción.

Integrar la circularidad en las decisiones habituales de la empresa

La circularidad no debe ser un programa anexo gestionado únicamente por los equipos de desarrollo sostenible. Los departamentos de ventas, sourcing, finanzas y operaciones deben integrarla en sus decisiones y arbitrajes: qué colecciones producir, qué materiales asegurar, qué servicios desarrollar, dónde invertir, etc.

Transformar los datos normativos en una herramienta de gestión

Dado que las marcas deben recopilar información sobre sus productos y proveedores, especialmente para el Pasaporte Digital de Producto, Kearney recomienda crear un archivo reutilizable, en lugar de generar datos por separado para cada normativa.

Estos mismos datos pueden utilizarse después para el diseño, el sourcing, el servicio posventa, la reparación, la reventa o la gestión del fin de vida del producto.

Organizar la circularidad con los socios de la cadena de valor

Una marca no puede controlar por sí sola el reciclaje, la clasificación, la logística inversa o determinados materiales. Kearney invita a definir con claridad quién hace qué, quién mide los resultados y, sobre todo, quién sigue siendo el responsable ante el consumidor.

Ampliar el cálculo económico al ciclo de vida del producto

Según Kearney, ya no basta con fijarse únicamente en el margen obtenido en la primera venta, sino que hay que integrar el riesgo de los productos no vendidos, la disponibilidad futura de los materiales, los costes normativos y el valor que el producto puede conservar o permitir recuperar tras su primer uso.

De hecho, esta lógica puede llevar a tomar decisiones muy concretas: desarrollar ciertos productos, rediseñar otros, invertir en determinados modelos circulares o, por el contrario, abandonarlos cuando su ecuación económica es desfavorable o su beneficio medioambiental no es creíble.

En otras palabras, considerar el impacto medioambiental de un producto incluso antes de decidir si se produce.


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