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Trump pone en el punto de mira el uso indebido de su etiqueta “Made in America”

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha firmado una orden ejecutiva destinada a combatir el uso fraudulento de la etiqueta “Made in America”, reforzando la supervisión federal del etiquetado de origen en un momento en que la fabricación nacional ha resurgido como una prioridad política y comercial.

Según un informe de Reuters, la orden instruye al presidente de la Comisión Federal de Comercio (FTC) a priorizar las medidas de control contra los vendedores y fabricantes que afirmen falsamente que sus productos están fabricados en Estados Unidos o realicen afirmaciones similares que infrinjan la legislación vigente.

La orden ejecutiva también instruye a todas las agencias federales con competencias en la supervisión del etiquetado de origen, en consulta con el presidente de la FTC, a considerar nuevas regulaciones y a garantizar una orientación coherente. Además, las agencias que supervisan los contratos de adquisición de todo el gobierno deberán verificar periódicamente las declaraciones de origen estadounidense de los productos vendidos al gobierno federal. Los infractores podrán ser remitidos al Departamento de Justicia de Estados Unidos.

Un nuevo enfoque en la credibilidad de la fabricación

La medida subraya el énfasis más amplio de la administración en la fabricación nacional y la transparencia de la cadena de suministro. A medida que el reshoring y el nearshoring ganan terreno en todos los sectores, desde la moda hasta la electrónica, el lenguaje de marketing se ha convertido tanto en una herramienta competitiva como en una cuestión de cumplimiento normativo.

Según las directrices actuales de la FTC, un producto comercializado como “Made in USA” debe estar fabricado “total o prácticamente en su totalidad” en el país, lo que significa que una parte significativa de sus componentes, su procesamiento y su mano de obra deben proceder de Estados Unidos. Sin embargo, las cadenas de suministro globalizadas a menudo difuminan estas líneas, especialmente en la moda, donde los tejidos, los adornos y el ensamblaje suelen abarcar varios países.

Al reforzar el control, la Casa Blanca parece decidida a garantizar que el branding patriótico se corresponda con realidades de producción medibles.

La complicada geografía de la moda

La orden llega a una industria acostumbrada desde hace tiempo a moverse en las zonas grises del etiquetado de origen. Mientras que el “Made in America” se encuentra ahora bajo un mayor escrutinio, las casas de moda europeas llevan décadas dominando su propia interpretación del prestigio geográfico.

Las marcas de lujo suelen recurrir a modelos de producción complejos en los que las prendas se fabrican parcialmente en países de menor coste, como Rumanía, Bulgaria u otras naciones de Europa del Este, antes de ser acabadas, ensambladas o simplemente etiquetadas en Italia. Según la normativa de la UE, la “transformación sustancial” final puede determinar el país de origen del producto, lo que permite a las marcas aplicar legalmente la etiqueta “Made in Italy” aunque gran parte del trabajo se haya realizado en otro lugar.

Esta práctica ha sido ampliamente documentada y sigue siendo legalmente permisible cuando cumple con la legislación aduanera europea. Sin embargo, también ha suscitado un debate sobre lo que los consumidores creen que están comprando cuando pagan un sobreprecio por la artesanía nacional.

La ofensiva estadounidense sugiere que cuestiones similares están ganando urgencia en el mercado estadounidense. Si el control se intensifica, las marcas que operan con cadenas de suministro híbridas podrían tener que reevaluar no solo sus marcos de cumplimiento normativo, sino también el storytelling en torno a sus productos.

El nacionalismo de marketing se encuentra con el abastecimiento global

Este renovado enfoque en las declaraciones de origen llega en medio de un creciente interés de los consumidores por la transparencia y la producción ética. Las etiquetas “Made in” tienen un peso emocional y político, y a menudo son señal de calidad, de estándares laborales o de identidad nacional.

Al mismo tiempo, pocas marcas de moda, ya sean de gran consumo o de lujo, operan enteramente dentro de un solo país. Los tejidos pueden tejerse en Asia, cortarse en Europa del Este y ensamblarse en el sur de Europa; los herrajes pueden proceder de China; y los acabados podrían realizarse en Italia o Francia.

Por lo tanto, la orden ejecutiva presiona no solo a los infractores, sino a toda una industria basada en la colaboración transfronteriza. Para las marcas estadounidenses que buscan capitalizar el sentimiento patriótico, demostrar sus afirmaciones sobre el origen nacional podría convertirse tanto en una necesidad legal como en un diferenciador de marca.

A medida que Washington endurece la supervisión, el mensaje es claro: en una era de cadenas de suministro politizadas, el valor de una etiqueta “Made in” puede depender cada vez más de la rigurosidad con la que pueda defenderse.

Made in Italy Créditos: FashionUnited

Este artículo fue originalmente publicado en otro idioma dentro de la red internacional de FashionUnited y después traducido al español usando una herramienta de inteligencia artificial.

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