De proveedoras a marca propia: Saheli Women reivindica una moda india en igualdad de condiciones
"No soy diseñadora de moda, y ninguna de mis mujeres ha estudiado moda. Sin embargo, entendemos muy bien el oficio, está en nuestro ADN". A orillas de los canales de Ámsterdam, Madhu Vaishnav, fundadora del colectivo de mujeres Saheli, expone su misión. Hasta el 29 de julio, la tercera colección propia de la marca se puede ver en Moustaqbel, en la calle Bloemgracht, tras lo cual la pop-up se trasladará a Londres. Quienes se prueban la ropa, una profusión de vestidos cruzados de seda y algodón teñidos a mano, pantalones cortos y conjuntos de dos piezas, reciben un chai indio. Así es como las creadoras quieren ser conocidas a partir de ahora: como una marca de moda de pleno derecho, y no solo como la mera proveedora de otras marcas de slow fashion como la amsterdamesa Zazi Vintage, Tedo de Tokio o Louise Misha, una marca de ropa infantil de París.
El proyecto Saheli Women comenzó en 2014 en Bhikamkor, el pueblo del marido de Vaishnav y, por tanto, el suyo. El pueblo se encontraba en un estado de pobreza y penuria, y ella quiso hacer algo al respecto. Invirtió 10.000 rupias (algo más de cien euros) en hilo y en un pequeño local de setenta años construido por dos generaciones de mujeres de la familia de sus suegros. La empresa funcionaba gracias a los conocimientos técnicos: "Yo aporté lo que sabía, y mis mujeres se enseñaron unas a otras lo que habían aprendido de sus madres".
La vuelta al mundo a través de Instagram
Desde el principio, Saheli ha suministrado a marcas del Norte Global, y los pedidos llegan a través de Instagram. Vaishnav: "Desde el primer día, utilizamos nuestras redes sociales para contar nuestra historia. Compartimos todos nuestros retos, éxitos, sentimientos, fracasos, todo, en línea". Es esa franqueza, cree, lo que atrajo a los clientes. "En las redes sociales, la gente suele contar cuentos de hadas sobre la sostenibilidad, pero en realidad es un trabajo duro cada día, con los fracasos que ello conlleva. La gente se siente conectada con nosotras por esa honestidad".
Más de diez años después, Saheli es un colectivo de más de doscientas mujeres, repartidas por pueblos de Rajastán, cerca de Bhikamkor y Kali Beri. Por el camino, ha construido una clientela fija de unas veinte marcas de slow fashion que encargan grandes volúmenes con regularidad. Abastecer a esas marcas ha sido una experiencia valiosa, dice Vaishnav, pero algo no encajaba, así que hace dos años tomó una decisión y optó por crear su propia marca.
El crecimiento del colectivo coincidió con una década turbulenta para la economía india: la desmonetización, la introducción del GST, la pandemia y la incertidumbre en torno a un nuevo gobierno en 2024. Durante la disrupción de la Covid-19, la clientela del colectivo se mantuvo, dice Vaishnav: "Llamábamos con frecuencia a nuestras clientas, todas mujeres, para idear una estrategia para sobrevivir. Ellas siguieron haciendo pedidos y nosotras seguimos trabajando".
Como los hombres perdieron su trabajo durante la pandemia, fueron las mujeres de Saheli las que siguieron aportando ingresos. "Nuestras mujeres siguieron ganando dinero y, durante meses, fueron el único sostén de la familia", dice Vaishnav. "Fue entonces cuando en el pueblo empezaron a tomarse a Saheli de verdad en serio".
Ese cambio de poder se hizo visible en un antiguo ritual: después de la Covid, los hombres empezaron a servir chai a sus mujeres. "De repente, el marido decía: ahora que tú ganas el dinero, yo te preparo el chai por la noche". A Vaishnav le pareció un gesto bastante romántico en su momento, y una gran señal del cambio de poder. "Un hombre que entra en la cocina para preparar chai para una mujer es un gran paso en la India".
Poco después, las mujeres dejaron de llevar velo y empezaron a usar anticonceptivos, no sin resistencia por parte del pueblo, especialmente de los hombres. Vaishnav: "Creo que la mayor diferencia entre mujeres y hombres es que las mujeres son más capaces de tomar una decisión difícil y asumir el riesgo que conlleva".
Ámsterdam
Fue en la época de la pandemia cuando Vaishnav se sintió frustrada por la forma en que algunas marcas con las que Saheli colaboraba gestionaban la autoría de los diseños y la historia del colectivo. (Apropiación cultural, es como se llama). "Algunos parecían apropiarse de nuestra identidad, pero esta es nuestra artesanía, estos son nuestros colores". Entonces también comprendió la dinámica que había llevado a ello: al posicionar al colectivo como un proveedor, estaba dando poder a las marcas. Reducía a sus artesanas a meras trabajadoras. "No queremos compasión, ni lástima, solo igualdad con ellos. Es así de simple".
Hace dos años, la Saheli Women Shop se lanzó en línea y, si los planes salen bien, pronto también en boutiques locales. "Hay mucho apoyo para nuestro trabajo en ciudades como Ámsterdam, ya hemos vendido bien", dice, mientras hace un breve recorrido por la pop-up. Además de la ropa, los visitantes pueden participar en clases de cocina de Rajastán, o en un taller para hacer borlas o Bandhani (tie-dye). Londres será más o menos igual. Hacer el viaje en persona es una inversión consciente: "Tomarse la molestia de venir hasta aquí. Vender ropa aquí. Hablar de nuestra colección. Conocer a los minoristas. Darnos a conocer. Compartir nuestra historia. Correr la voz".
La colección que se expone se llama Karma, una palabra que quizá no se entienda bien en las ciudades donde la marca quiere vender. Previamente, se debatió su significado con el colectivo, y parte de esas reflexiones figuran en el catálogo, impresas en cursiva junto a imágenes de campaña de una modelo india deambulando por Vrindavan, la ciudad sagrada para los hindúes por ser el lugar donde creció el Señor Krishna.
El sello de Saheli es evidente en las prendas, con seda teñida de forma natural, bordados hechos a mano y ropa de algodón local, comprada directamente a los agricultores asociados. Los saris y lehengas tradicionales de la India (un traje tradicional de tres piezas) se han reinventado con cortes entallados, tonos de color "apagados" y un diseño minimalista.
Saheli propone un estilo que encaja bien en una ciudad como Ámsterdam y, al mismo tiempo, está inconfundiblemente inspirado en Asia, lo que, según Vaishnav, apunta a la contribución cultural más amplia de la India a la cultura mundial de la moda y el bienestar. "Chakra, mantra, yoga, mucho de lo que ahora es común en Occidente tiene sus raíces en el conocimiento de las comunidades locales. Es importante que la gente entienda lo que la India le ha dado al mundo".
En su país, Vaishnav ha tenido que defender estos diseños. Algunos creen que no debería vender en absoluto versiones adaptadas de saris tradicionales a marcas occidentales. Ella no lo ve así: "La moda no consiste realmente en copiar a otra persona, es una forma de expresar lo que sientes. Ser quien eres, eso es lo más fashion que hay".
Beneficio mutuo
Actualmente, Vaishnav es más selectiva a la hora de elegir socios, y trabaja principalmente con marcas más grandes que pueden ayudar a seguir desarrollando la capacidad del colectivo. Un socio envía a un especialista en calidad japonés que forma a las mujeres en acabados técnicos. Otro ayuda con una mejor logística y embalaje. "Cuando un profesional entiende y valora de verdad tu empresa, y quiere compartir sus conocimientos para hacerla crecer, me parece maravilloso. En una relación comercial debe haber beneficio mutuo, y también amor".
Frente a un sector muchas veces mayor, no considera que el colectivo sea pequeño. "El sistema de moda occidental es muy grande, muy poderoso. Nosotras somos muy pequeñas frente a ellos, pero nuestra voz es fuerte". Su confianza proviene del sistema de valores del colectivo, que tiene la sostenibilidad como eje central, no como algo secundario. "Una gran marca dirigida por hombres contrataría a un tercero para que redactara su estrategia de sostenibilidad. Nosotras consideramos que nuestra comunidad y la madre tierra son las principales partes interesadas de esta industria. Nuestros diseños tienen una política de tolerancia cero en lo que respecta a cómo tratamos la tierra. Esa convicción nos da valor, y eso es algo que no se puede comprar".