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La era de la “interfaz invisible”: colgantes y anillos con IA redefinen la interacción sin pantalla

La IA integrada en colgantes y anillos conectados busca redefinir la interacción sin pantalla, a pesar de los desafíos sociales y de privacidad.
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Anillo con IA de la empresa Vocci. Créditos: Gyges Labs, Vocci.
Por AFP

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Las Vegas (Estados Unidos) - La IA integrada en un colgante o un broche, con micrófonos y cámaras siempre activos, vuelve con fuerza tras unos primeros fracasos estrepitosos, sumándose a la apuesta de los anillos, relojes o gafas conectadas por diseñar el futuro post-smartphone, un poco más liberado de las pantallas.

En Las Vegas, el CES, la principal feria de tecnología del mundo, ha confirmado el regreso de estos dispositivos conectados, apenas dos años después del sonado fracaso de uno de los precursores, el broche con IA de Humane.

Lenovo, el número uno en ordenadores personales, presentó el martes un prototipo de colgante de su filial Motorola. Diseñado para controlar por voz a Qira, su asistente de IA, sin necesidad de mirar o tocar una pantalla, el dispositivo captará el sonido y la imagen del entorno desde el pecho, dejando las manos libres.

Este notable anuncio, así como la omnipresencia en la feria de prototipos de gafas conectadas —que graban, escuchan y responden a la voz—, ¿chocará de nuevo con un muro social? “¡Búscate amigos de verdad!”, “Capitalismo de vigilancia”, se leía este otoño en los grafitis que cubrían la masiva campaña publicitaria de Friend, un colgante con IA, en el metro de Nueva York.

La industria parece optimista, dados los avances tecnológicos logrados donde los pioneros fracasaron por sus fallos, sobrecalentamiento y escasa autonomía: la IA por voz ha experimentado un gran avance en fluidez en dos años, siendo ahora capaz de mantener una conversación de forma casi natural, mientras que los chips pueden procesar los datos en el propio dispositivo sin depender de la conexión.

Más allá de las start-ups, otros gigantes además de Lenovo se han sumado a la tendencia. Amazon compró la start-up Bee el verano pasado. Por su parte, Meta adquirió al especialista Limitless en diciembre y no deja de añadir funciones de asistente de IA a sus gafas conectadas, que dominan el mercado.

En segundo plano, nadie ignora el proyecto de OpenAI de lanzar para 2027 su propio dispositivo conectado, diseñado en torno a ChatGPT, el asistente de IA más utilizado del mundo.

Menos pantalla

Sin embargo, cada uno explora caminos diferentes: el dispositivo de Bee se lleva en la muñeca, en el cinturón o en la solapa, y funciona principalmente como un asistente de productividad (notas, recordatorios, agenda...). La start-up Vocci, que se centra en la toma de notas asistida por IA, ha apostado por un anillo. Plaud, por su parte, apunta a un uso profesional marcado por las reuniones, con un dispositivo rectangular apenas más grueso que una tarjeta de crédito.

Otras, como la start-up china iBuddi, han venido a Las Vegas para presentar un prototipo de medallón-compañero, con la ambición de combatir la “fatiga de pantalla”. “Nuestra filosofía es crear un compañero de IA wearable que sustituya parte de las interacciones con el teléfono, en lugar de añadir otra pantalla que acapare la atención”, explica a la AFP Yin Haitian, fundador de iBuddi.

El empresario, que prevé un lanzamiento comercial en julio, asegura: “iBuddi no se basa en la vigilancia, reacciona a los momentos importantes en lugar de grabar continuamente”. El Looki L1, en cambio, captura continuamente el punto de vista del usuario, prometiendo aconsejarle que evite un tercer café, comentar los lugares u objetos que le rodean o resumir su día en un cómic.

“Las expectativas de los consumidores en materia de privacidad no han desaparecido, pero están evolucionando”, señala el analista Avi Greengart, de la consultora Techsponential, porque “ya estamos vigilados por miles de millones de smartphones, redes de cámaras urbanas y dispositivos conectados que hemos introducido voluntariamente en nuestros hogares”.

Estos dispositivos, ¿marcarán el declive del smartphone? Para Yin Haitian, el principal obstáculo para su adopción no es “ni la batería ni la privacidad”, sino la falta, por ahora, de un “cambio de comportamiento decisivo”. “Estos wearables no sustituirán a su smartphone en un futuro previsible. Es demasiado útil tener una pantalla táctil de cristal de 15 cm”, sentencia Avi Greengart, prediciendo más bien un largo periodo de coexistencia.

Y si le preocupa la omnipresencia de micrófonos, otra start-up presente en Las Vegas lo tiene todo previsto: venderle Wearphone, una gruesa mascarilla negra, del tamaño de una mascarilla quirúrgica, que promete preservar la confidencialidad de sus conversaciones, ya sea con un interlocutor telefónico... o con su asistente de IA.

Este artículo fue originalmente publicado en otro idioma dentro de la red internacional de FashionUnited y después traducido al español usando una herramienta de inteligencia artificial.

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