Una empresa de cosméticos demanda a Shein por competencia desleal
Marsella - Una empresa francesa del grupo de cosméticos japonés Shiseido ha reclamado judicialmente este martes más de 2,6 millones de euros al gigante del comercio electrónico Shein por haber comercializado productos de belleza sin ser un distribuidor autorizado.
El Tribunal de Actividades Económicas de Marsella ha aplazado su decisión hasta el 26 de enero, después de escuchar este martes una compleja batalla legal sobre derecho mercantil y referencias a jurisprudencia.
El procedimiento ha sido iniciado por el grupo de perfumería y cosméticos Beauté Prestige Internationale (BPI), que distribuye las marcas del grupo Shiseido, pero que también posee licencias exclusivas para las marcas Issey Miyake, Narciso Rodriguez y Zadig & Voltaire.
BPI comercializa sus productos a través de grandes cadenas de cosméticos, las cuales están obligadas a firmar contratos para “preservar, de cara al consumidor, el carácter de lujo asociado a los productos y a las marcas”.
Fundada en China en 2012 y ahora con sede en Singapur, Shein vende en su web prendas de moda ultraefímera que la han llevado al éxito, pero también alberga miles de referencias ofrecidas por vendedores externos en su marketplace.
Ahora bien, BPI acusa a este marketplace de haber revendido sus productos, ya sea directamente o a través de estos terceros, sin formar parte de su red de distribuidores autorizados.
La empresa francesa reclama al mastodonte asiático más de 2,1 millones de euros por daños a la imagen y 500.000 euros por perjuicio comercial.
“BPI no consigue garantizar la estanqueidad de su red de distribuidores”, ironizó la abogada Isabelle Leroux, representante de dos sociedades de Shein con sede en Irlanda, poniendo también en duda los contratos de la empresa francesa con sus distribuidores. Asimismo, ha solicitado la anulación de la demanda.
“El modelo de desarrollo de Shein no es aceptable. Exigimos que se respeten las reglas, no una competencia salvaje”, replicó François Ponthieu, abogado de BPI, acusando al grupo de “aprovecharse de sus inversiones y de su imagen”.
Convertida en los últimos años en el símbolo del ultra-fast fashion, Shein se ha visto en el punto de mira de múltiples iniciativas europeas y francesas que buscan regular su actividad.
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