La novia contemporánea se viste de negro, color y plumas en Atelier Couture
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Los días 20 y 21 de octubre, la Real Fábrica de Tapices volvió a convertirse en escenario de Atelier Couture, con la celebración de la decimosexta edición de la cita que reúne en Madrid las propuestas de novia e invitada de ateliers y diseñadores independientes con una visión propia de la creación.
Sobre la pasarela, la moda nupcial se desmarca del blanco absoluto y explora nuevos códigos de sofisticación a través del color, el movimiento, los volúmenes escultóricos y unos detalles minuciosos que nos recuerdan que esta industria se construye puntada a puntada.
Desde FashionUnited hemos trabajado en una selección de looks que nos acompañan a entender hacia dónde evoluciona la estética nupcial española.
El binomio blanco y negro
Durante décadas vetado en la ceremonia nupcial, el negro aparece en esta edición como un contrapunto gráfico que, lejos de cuestionar el blanco, lo realza.
Señorito Ortega lo ha explorado con un vestido palabra de honor en mikado blanco cuyo cuerpo se abre en una V invertida para dejar ver un panel central que degrada del negro al gris plata, enmarcado por una sobrefalda de tul negro con cola. Por otro, un vestido columna de punto de rejilla negro, opaco en el torso y transparente desde la cadera, sobre el que se enrosca una pieza de organza plisada blanca a modo de flor.
Por su parte, Jesús Segado firmó un cuerpo globo palabra de honor en mikado negro, rematado con plumas bicolor, que descansa sobre una falda amplia de color blanco. Incluso dentro del universo total white de Rafael Urquízar, los broches metálicos oscuros que salpican una capa estructurada de cuello alto introducen ese mismo juego de contrastes.
Como ya apuntábamos durante la MBFW Madrid, el color está recuperando más y más su protagonismo sobre las pasarelas, y la moda nupcial e invitada no es ajena a ello.
Jesús Segado apostó por un minivestido de cuello alto y manga larga íntegramente bordado con flores de lentejuelas en rosa, naranja y verde sobre base nude, acompañado de gafas de sol rosas, y un conjunto de crop top y falda lápiz midi en lentejuelas champán, salpicado de un bordado floral en rojo, coral y verde.
Señorito Ortega jugó con una falda con los bordes ribeteados en verde lima, celeste, coral y negro, combinada con plataformas de terciopelo azul eléctrico y un tocado-antifaz blanco que cubre la mirada. Marta Villaruiz opta por una vía más sutil, con un rosa empolvado que se presenta como alternativa delicada al blanco.
El movimiento como adorno
Las plumas que vemos como Marta Villaruiz coloca a ambos lados de la cintura de su vestido rosa empolvado han sido uno de los dos recursos favoritos de los creativos para aportar movimiento en esta edición, y aparecen también en la cintura baja de un vestido midi de la propuesta de Jesús Segado.
Los flecos llegan, literalmente, de la mano en Jorge de la Rosa, que los traslada del mantón a la cola de un vestido de corte sencillo.
Volumen escultórico en hombros y torso
La gran amplitud de antaño, tradicionalmente concentrada en faldas casi de crinolina, está evolucionando hacia formatos más escultóricos que trasladan sutilmente el volumen a la parte superior del cuerpo.
La camisa entra en el armario nupcial
La sastrería se consolida como alternativa al vestido tradicional, con la camisa como pieza protagonista. En el desfile de ASN nos conquistó una camisa con puños dobles y una falda plisada de gasa ceñida con fajín, también se apostó por una blusa de mangas abullonadas con cintura peplum sobre falda columna.
Bordado joya y brillo nacarado
El bordado artesanal se mantiene como uno de los principales valores diferenciales del atelier, orientado en esta edición hacia la pedrería y las paillettes.
En la colección de Jesús Segado vimos dos cisnes bordados sobre el cuerpo de un palabra de honor de tul plumeti marfil y una falda larga de arabescos de pedrería y lentejuelas plateadas, que el diseñador combina con un sencillo jersey de mohair en un contraste entre lo cotidiano y lo couture.
Jorge de la Rosa, por su parte, apuesta por el brillo nacarado de las paillettes de gran formato, tanto en un vestido columna con drapeado de gasa anudado al hombro como en una chaqueta corta de hombros marcados que se combina con una falda de satén de canesú drapeado.